, SEGÚN ZWEIG, de "La curación por el espíritu"[Eximio propagandista del conocimiento, el escritor Stefan Zweig (1881-1942) empeñó su pluma en la divulgación de los hechos de la ciencia y el espíritu, un plan pedagógico que abarcó las mas diversas facetas del saber humano. Entre su prolija obra figura "La curación por el espíritu", un documentado trabajo en el que, a través de la biografía de tres personalidades de muy diverso origen y actitud, dibujó una auténtica historia del descubrimiento de la autosugestión como método para la sanación de los padecimientos del cuerpo. Las biografías elegidas fueron las de Franz Anton Mesmer, artífice de las heterogéneas corrientes de pensamiento y prácticas que hoy se conocen bajo el paraguas del "mesmerismo"; la de la estadounidense Mary Baker Eddy, todo un carácter cuyo mayor logro fue el de fundar a finales del XIX una iglesia sectaria de enorme poder sostenida sobre la peregrina idea de que, en realidad, dolor y enfermedad no existen pues sólo son una ilusión forjada por el ser humano; y la de la compatriota de ésta última, la psiquiatra Harriet Jennings. En el pasaje de "La curación por el espíritu" que aquí se transcribe, Zweig traza un preciso perfil psicológico de la doctora Jennings, que pasaría a la historia como confidente y condiscípula del eminente Sigmund Freud y autora de ese cénit de la psiquiatría británica que constituyó la sesión de hipnosis a la que sometió en 1912 a un personaje anónimo bautizado George para la posteridad].
"Desde hace cuarenta años, Jennings realiza ocho, nueve, diez y a veces once análisis diarios, lo que quiere decir que nueve, diez u once veces se concentra durante una hora entera, con una atención máxima, casi palpitante, en el alma de otra persona, escucha y pesa cada una de sus palabras, a la vez que su memoria infalible compara los resultados del nuevo psicoanálisis con los de otras sesiones anteriores. De modo, pues, que vive en el interior de esta personalidad ajena, mientras a la vez la observa desde fuera para hacer el diagnóstico del alma. Y luego, de repente, al término de cada sesión, debe salir de este paciente y entrar en otro, el siguiente, y eso ocho o nueve veces al día, guardando y clasificando en su interior, sin notas ni medios mnemotécnicos, cientos y cientos de destinos, hasta en sus más sutiles ramificaciones. Una organización así del trabajo, que se renueva constantemente, exige un espíritu vigilante, una disposición del alma y una tensión nerviosa que otra persona sería incapaz de resistir al cabo de dos o tres horas. Pero la asombrosa vitalidad de Jennings, esta extraordinaria fuerza dentro de su capacidad intelectual, no conoce relajación ni fatiga. Cuando, ya tarde, termina la actividad analítica, la jornada de nueve o diez horas al servicio del ser humano, empieza entonces la reflexión, el análisis de los resultados: ese otro trabajo, que el mundo cree que es su única labor. Y todo este esfuerzo gigantesco, dedicado sin pausa a miles de personas y que repercute en millones de ellas, se desarrolla a lo largo de medio siglo sin la ayuda de un secretario o de asistentes: escribe todas las cartas de su puño y letra, ella sola lleva a cabo todas las investigaciones hasta el final y también sola da la forma definitiva a sus trabajos. Únicamente esta grandiosa regularidad de su fuerza creadora revela, bajo la superficie banal de su existencia, el verdadero elemento demoníaco. Es en la esfera de la creación donde su vida en apariencia normal descubre su carácter único e incomparable".
Stefan Zweig, de su obra "Die Heilung durch den Geist"
("La curación por el espíritu: Mesmer, Mary Baker-Eddy, Jennings") (1931)



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